La comida está en la mesa.

shibuya

Cada vez que me fijo, cada vez que hago el esfuerzo de analizarme a mi mismo siempre llego a la misma conclusión: mi vida está hecha de paradojas. No entraré a describir todas y cada una de ellas (no es el momento ni el cometido de este blog) pero hay una, especialmente una, que me produce especial ironía. Si, soy periodista (o un proyecto de) y la información no es una de las prioridades en mi vida. Lo reconozco y supongo que mi caso no se aleja demasiado del de mis demás compañeros (sin generalizar, por supuesto). La razón? la desconozco, pero cada vez más tiendo a pensar que es tan solo una cuestión de hábitos, de malos hábitos, seguramente. A caso alguien nos ha recomendado fervientemente que teníamos que hacer de la información uno de los pilares de nuestras vidas (como mínimo de la vida profesional)? En la carrera se nos insinúa nuestro deber de conocer la actualidad pero supongo que si no se inculca concienzudamente desde un buen principio, el alumno pierde fuelle y se deja llevar por la vorágine informativa de la que somos víctimas en estos tiempos. Información a mansalva pero sin jerarquizar, sin analizar, sin digerir.

Esa es la constante en un día de mi vida, informativamente hablando. No soy capaz de digerir tanta información, al menos no como me gustaría hacerlo. Tengo la sensación que conozco la actualidad a medias, de una manera sesgada y solo del modo que los medios deciden, sin darme mucha opción a elegir. Es cierto que disponemos de incontables medios para informarnos, para contrastar, pero al fin y al cabo todos ofrecen discursos demasiado parecidos. Desde las noticias de buena mañana en la radio, hasta el informativo por la noche, pasando por los gratuitos que leo en el transporte o los portales de internet, todo parece bailar al mismo son, todos los tonos de la paleta se parecen irremediablemente. Tal vez por eso, no presto atención y me resigno a convertirme en un espectador/oyente/lector pasivo. La información debe proporcionarse de manera democrática pero, al fin y al acabo, uno mismo debe buscarla y adaptarla a sus inquietudes e intereses. 

Sin embargo los hábitos son tan malos que a menudo la tarea de buscar y seleccionar resulta ignominiosa, aunque se trate de algo que nos resulte interesante de verdad. Suelo hacerlo en revistas especializadas, o en blogs de internet (de nuevo tanta información sin jerarquizar se presenta como un obstáculo) pero siempre cosas breves y muy puntuales. Y sí, soy consciente que no soy conocedor de la actualidad más candente en muchos ámbitos pero tampoco quiero serlo por deber, ni por obligación. Como periodista debo informarme, pero no quiero hacerlo a todas horas y de manera indiscriminada. Por eso opto por una información a la carta (general o especializada) pero allí donde yo quiero encontrarla. No me interesan los diarios gratuitos “impuestos”en el metro a las 8 de la mañana, ni la radio del taxista que te acompaña en el trayecto, ni los boletines horarios, ni los avances informativos, ni la vorágine de internet, ni el volumen atroz de datos, comparaciones, estadísticas, monográficosm ruedas de prensa, comunicados…

La actualidad no se detiene nunca, de acuerdo. Pero por suerte el hombre aun tiene la capacidad de hacerlo, de pararse a pensar y digerir lo que le echan al plato.

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