Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Fin de fiesta.
junio 3, 2009

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Si algo aprendemos en esta vida es que todo llega a su fin en un momento o otro. Lo bueno, lo malo, lo regular, lo indiferente…todo empieza y transcurre para encontrar un irremediable final. 

A estas alturas, cuando nos encontramos a nosotros mismos enfrentándonos al mundo laboral, después de haber disfrutado del abrigo y seguridad que nos ofrece una carrera universitaria, se nos plantean muchas dudas, dudas de todo tipo, que como todas las cosas surgen con la voluntad de ser disipadas, resuletas o, simplemente, arrinconadas en el cajón de las preguntas sin resolver que a lo largo de la vida vamos llenando casi sin querer. Ahí es donde entran en juego asignaturas como este seminario, para arrojar un poco de luz sobre conceptos que a lo largo de cuatro o cinco años no hemos sido capaces de perfilar o no nos han dado la oportunidad de hacerlo. Supongo que para enfrentarse a algo con una mínima seguridad y ciertas garantías de éxito hay que, justamente, conocer a lo que nos enfrentamos. Y conocerlo desde todos los ángulos del prisma – como mínimo el máximo posible- para poder abordarlo de distintas formas y disponer de más de un as en la manga. 

Si intento recordar cuantas veces hemos intentado definir la profesión periodística a lo largo de la carrera, seguramente pierda la cuenta. Lo hemos hecho -o intentado- infinidad de veces y siempre con resultados -al menos desde mi punto de vista- poco concretos. Sin embargo, este seminario me ha permitido conocer un poquito mejor como se estructura una de esas partes a menudo poco estudiadas de la profesión: el discurso. Sin duda, una parte esencial de nuestra futura profesión, por no decir la única e indispensable. Independientemente de sus múltiples manifestaciones (escritas, visuales, auditivas, etc…) el discurso es la piedra filosofal de lo que llamamos “periodismo” o, generalizando aún más, de cualquier expresión comunicativa con afán de comunicar, valga la redundancia. Es ese discurso el que tendremos que cuidar, el que tendremos que temer -a veces-  y el que deberemos moldear a nuestro antojo. Y es en este seminario cuando he acabado de reafirmar una de mis suposiciones: el discurso hay que trabajarlo día a día, hay que ejercitar el arte de escribir regularmente para poder estructurar la mente, para poder escupir tus pensamientos de manera ordenada y llegar al espectador/oiente/lector de la manera en que queramos hacerlo. 

También nos hemos puesto en la piel del receptor y hemos analizado como el mensaje se dirige hacia nosotros y que tipo de reacciones nos provoca. Es aquí cuando aparece, mayoritariamente, el discurso publicitario o político porque son estas dos modalidades las que apelan de una manera más directa a los sentimientos. Unos sentimientos que reaccionan ante cualquier estímulo publicitario pero también estrictamente informativo. A menudo el periodista olvida es pretensión de “llegar” de “emocionar”, tan importante y válida como la estrictamente divulgativa. Creo que ambas forman parte indiscutible de  la profesión si bien se intente criminalizar esa faceta más interptetativa del periodismo. 

Anuncios, artículos de prensa, discursos políticos, relatos de ficción… todo ha sido válido para descubrir como el discurso rige nuestras vidas, a veces hasta niveles insospechados. Todo es discurso a nuestro alrededor desde el momento en que el hombre necesita inventar un discurso para identificar todo lo que le rodea y encontrarle un sentido. Es por eso que este seminario me ha abierto los ojos y además me ha permitido experimentar y expresar mis opiniones al respecto dejando de ser un “alumno pasivo” para ser parte del proyecto. Cierto, el horario de las clases puede que no sea el más apropiado para la reflexión pero creo que la idea de elaborar un blog es altamente positiva, no solo por que es uno de los medios expresivos del presente y posiblemente del futuro -con notables mejoras seguramente-, sino porque nos ha obligado a ejercitar nuestros discursos, propios o a cerca de discursos ajenos, además de poner en práctica nuestros dotes narrativos que, una vez más, tendemos a olvidar en detrimento del discurso informativo.

Con todo esto, la experiencia ha sido altamente positiva; y eso teniendo en cuenta que a menudo los seminarios son considerados como piezas menores del engranaje de la licenciatura, como meros trámites que hay que pasar antes de recoger el título. Precisamente por eso, por ser asignaturas sin un peso contundente en el expediente se convierten en herramientas distendidas y desenfadas para explorar terrenos que sus hermanas mayores no han sabido abordar. Sin olvidar que la disposición del profesor y la estructura de las clases también han ayudado enormemente. 

El resultado ha sido, pues, sorprendentemente positivo. Una guinda en el pastel.

Anuncios

Parto flex.
mayo 27, 2009

Hoy he visto otro ejemplo intachable del poder de la publicidad. De nuevo un anuncio, sencillo, puro, limpio, donde la palabra y el discurso son el arma principal para convencer al espectador.

En él vemos y escuchamos a una mujer hablando sobre el parto de su segundo hijo y nos trata de convencer que el mejor lugar para hacerlo es en casa, en la propia cama. Intereses publicitarios a parte (adivinad que es lo que se anuncia) este anuncio transmite una paz interior, una harmmonia y una belleza solo identificable con momentos tan íntimos y cruciales como lo es un parto. 

Hasta yo, siendo hombre, he querido por un momento vivir algo parecido. Juzgad vosotros mismos.

 

Finales inesperados.
mayo 25, 2009

1958 Ford Thunderbird

El semáforo se puso en verde justo en el momento en que Carla se disponía a retocarse el maquillaje en el reflejo del retrovisor. No había dormido nada la noche anterior y su piel se resquebrajaba a tiras por el cansancio y el sufrimiento que la torturaban en las noches de verano. Guardó resignada la polvera de nácar turquesa y pensó que ya tendría ocasión de hacerlo en el siguiente cruce, o en siguiente, o tal vez ya no valía el esfuerzo. Cambió de marcha, pisó a fondo el acelerador y aún con los pensamientos de lo que había ocurrido la noche anterior en la cabeza, prosiguió su marcha sin reparar en en el velocímetro. EL revólver resplandecía en su bolso.

Después del colegio, llegaba la recompensa. Pero aquel día nadie había ido a recoger a Marco a la escuela. Pero no le importó lo más mínimo. Ya había llegado el momento de actuar como los adultos e ir a por su merienda el sólo. Su madre siempre le compraba un dulce en el colmado de la esquina, uno de esos mantecados que resplandecían en el escaparate, rebosantes de azúcar glasé. Pero aquel día su madre le había dejado muy claro que tenía demasiadas cosas que hacer y que, muy a su pesar, tendría que dejarle volver solo a casa. Él sabía que la discusión de anoche con su padre tenía algo que ver con su repentina falta de tiempo pero decidió no darle más vueltas. Al fin y al cabo eran temas de mayores. Segundos más tarde, el mantecado en la vitrina, el chirrío de los pneumáticos, la cara de terror de su madre…

No hay nadie más orgulloso que Juan, pero aquel día asumió su parte de culpa y se arrepentió una y otra vez de haber tratado con tanta brutalidad a su mujer. La había dejado marcharse, congelado en su silla de mimbre, sin tan solo poder articular un músculo, sin poder balbucear palabra que la retuviera unos segundos más antes de flanquear la puerta. Estaba convencido que aquella vez no volvería A lo largo de mañana había visto pasar repetidas veces su cabriolet tornasolado por delante del apartamento y aunque sabía que cuando las cosas se torcían su mujer se obstinaba en dar vueltas con el coche sin rumbo fijo, estaba convencido que no iba a regresar esta vez. Movido por un impulso repentino, salió de casa para esperarla en el cruce. Su intuición a flor de piel le decía que volvería a pasar una última vez. El morro del vehículo asomó por la avenida, un sonido sordo y un cegador resplandor que iluminó el interior del coche. Su hijo temblando en el suelo, gritaba sofocadamente con los ojos entornados. Y Carla, al volante, con un disparo en la sien esbozaba una siniestra sonrisa. Una sonrisa que ni su marido ni su hijo podrán jamás borrar de sus cabezas.

Generation Next.
mayo 20, 2009

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Generación Einstein: dícese de la primera generación de jóvenes desde la segunda Guerra Mundial, que se identifica por características positivas como la sociabilidad, la cooperación, la inteligencia y la implicación, entre otras.

La generación Einstein comprende a la generación de jóvenes que a finales de los años 80 afrontaban un futuro incierto pero completamente esperanzador marcado por el florecimiento económico de la época y la euforia colectiva ante un desarrollo fulgurante de las nuevas teconologías.

Lo que muchos se preguntan es si la generación Einstein puede aplicarse aún a las generaciones de jóvenes actuales o, por el contrario, debería revisarse el término (que por otra parte, recordemos que surge gracias a la inventiva de un autor) o incluso empezar a hablar de una nueva generación.

Baby Boom, Generación X, Generación Einstein……parece que la sociedad se empeña en etiquetar las nuevas horneadas de jóvenes destinados a cambiar el mundo pero, seguramente, si nos pusieramos a investigar a fondo nos dariamos cuenta que dichos jóvenes parece no apuntar tan alto. Almenos, por lo que respecta a la actual…

Si la generación Einstein se caracteriza por unos rasgos mayoritariamente positivos en comparación a la negatividad sintomática de la generación X de los 60 y 70, y las protestas reiteradas del Baby Boom de la posguerra, podríamos afirmar que la joven generación actual se caracteriza precisamente por una falta crónica de motivaciones, de objetivos, de causas. No me atrevo a afirmar que dichos objetivos no existen realmente -siempre hay cosas mejorables, anhelos que perseguir- pero la generación resultante de la generación Einstein padece un letargo crónico, producido, en gran medida, por la omnipresencia de la tecnológica.

Muchos diran que las tecnologías ayudan a conectar el mundo. Nada más lejos de la realidad, pero tambien lo alienan, lo trocean hasta provocar el más absoluto aislamiento del individuo en si mismo. Facebooks, Twitters, Messengers….estan haciendo de esta generación un moribundo patológico que solo se contenta con la pantalla de un ordenador como única ventana al mundo.

Para bien o para mal, la generaciones precedentes disfrutaban de características propias. La generación actual, carece de ellas. Sin más.

? ! …
mayo 20, 2009

 

 

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Cada vez que intentamos definir ciertos conceptos cotidianos inherentes a nuestro lenguaje nos asaltan las dudas. Es un ejercicio que hemos realizado varias veces en clase y, sinceramente, aunque puede resultar complicado o poco apetecible,  nos sirve para darnos cuenta del desconocimiento del léxico que muchos profesamos.

Hoy se nos plantean tres términos muy cercanos entre si pero que presentan particularidades que a menudo nos puede parecer imperceptibles.

¿Qué entendemos por sorpresa? ¿Y por suspense? Y la intriga…¿es comparable a alguna de las dos anteriores?

Personalmente cuando pienso en la sopresa pienso en una reacción involuntaria producida por un acontecimiento inesperado y sorprendente, capaz de modificar nuestro estado de ánimo. Es sin duda, una reacción completamente emocional y puede presentarse como una experiencia positiva o negativa.

El suspense, en cambio, lo entiendo como un proceso, como una progresión de hechos que vas desarrollándose hasta que llegan a una resolución concreta. No se trata de un instante (como suele ocurrir cuando hablamos de sorpresa) sinó un periodo más dilatado en el tiempo. El suspense puede ser la causa de la sorpresa aunque no siempre debe ser así. Es, por tanto, un concepto que engloba hechos y emociones, o más bien dicho, hechos que provocan emociones.

La intriga la concibo como un sentimiento más personal, más independiente de los actores externos. La intriga es la necesidad por saber, por conocer cosas que se nos escapan y, por tanto, nace en el interior de la persona. Es un estado emocional más íntimo e intransferible que el suspense.  La sucesión de unos hechos puede provocar suspense -es el caso de muchos relatos- pero la intriga nace de una necesidad personal por conocer, por saber cual sera el resultado de esos hechos.

Sea como sea, los tres términos son una fuente de inspiración para multitud de relatos publicitarios (por no decir la mayoría). El suspense y la sorpresa siempre aseguran una mayor retentiva del espectador y una reacción ante los estímulos del anuncio. Es el caso por ejemplo, de una modalidad de publicidad que se puso de moda hace pocos años, aunque parece que últimamente ha perdido fuelle. Se trata de la publicidad sorpresa o “dosificada”, es decir, esa publicidad que progresivamente va ofreciendo nuevos datos al consumidor hasta que finalmente se descubre el producto anunciado. Durante los primeros días, se difunde, por ejemplo, una sola frase o una sola imágen sin que se identifique el produto. A medida que trascurre el tiempo aparecen nuevos anuncios con más información, si bien aún sigue sin desvelarse el objeto de la publicidad. Al final, pasados unos días o incluso unas cuantas semanas, se desvela el producto con un anuncio sorprendente que a menudo poco tiene que ver con los spots que lo preceden.

Este es un claro ejemplo que aúna sopresa, intriga y suspense como método para captar la atención del espectador. Otro claro ejemplo, en definitiva, de los amplios recursos del discurso publicitario para alcanzar sus objetivos.

Compresas y fiestas.
abril 16, 2009

 

Hoy me permito rescatar un anuncio de este mismo año que, si no me equivoco, ha dejado ya de emitirse. Ha dejado de emitirse, sí, pero no ha dejado de existir como otros muchos spots que caen irremediablemente en el olvido después de abandonar las pantallas de nuestros televisores. Podríamos decir que esa es una de las características más remarcable de la publicidad de consumo: la premisa del usar y tirar que llega a todos los rincones de la comunicación, ya sea publicitaria, periodística, corporativa o de cualquier otra índole.

Este anuncio, sin embargo, encarna otra de las características más destacables de esta vorágine consumista, la de reproducción masiva a través de los canales más insospechados. Y en esta ocasión, solo una frase ha conseguido tal azaña. Si empiezo explicando que se trata de un anuncio de compresas seguramente seran pocos los que identifiquen el spot del que estoy hablando. Si pronuncio la ilarante frase “Eshh una fieshhta”, seguramente la cosa cambie sustanciablemente. Aquí, el producto es lo de menos, lo que importa es la situación que se presenta en el anuncio y la comicidad que este  desprende. Pero lo curioso del caso es que la audiencia ha picado en el anzuelo y ha encontrado la propuesta de lo más divertida (no consigue carcajadas pero a la mayoría nos ha conseguido arrancar aunque sea la más leve de las sonrisas). Y es ahi cuando la maquinaria de la comunicación masiva empieza a funcionar. Blogs y foros dieron el pistoletazo de salida (la immediatez de internet no cuenta con competidores) comentando el dichoso anuncio hasta la saciedad. Luego vinieron las redes sociales y el boca a boca hasta acabar siendo carroña de los medios generalistas que, no nos engañemos, siempre van a remolque de lo que la red dicta.

El otro día iba por la calle, y no pude evitar escuchar la conversación de un grupo de adolescentes apostados ante la puerta de un instituto. Desconozco la temática de su discusión pero todo lo que logré ohir fue la frasecita en boca de un chico entregado a su discurso ante sus compañeros. Las risotadas fueron inmediatas y en ese preciso instante supe apreciar el verdadero éxito del anuncio. Cuando un anuncio llega a la calle, el triunfo es ya un hecho. Poco importa la escasa brillantez del mismo. Todo lo que queda es la imágen en la retina (en este caso una frase) que, vete tu a saber porqué, ha llegado a calar hondo en las conciencias del respetable.

Y que luego alguien se atreva a preguntar que era lo que se anunciaba.

La comida está en la mesa.
abril 15, 2009

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Cada vez que me fijo, cada vez que hago el esfuerzo de analizarme a mi mismo siempre llego a la misma conclusión: mi vida está hecha de paradojas. No entraré a describir todas y cada una de ellas (no es el momento ni el cometido de este blog) pero hay una, especialmente una, que me produce especial ironía. Si, soy periodista (o un proyecto de) y la información no es una de las prioridades en mi vida. Lo reconozco y supongo que mi caso no se aleja demasiado del de mis demás compañeros (sin generalizar, por supuesto). La razón? la desconozco, pero cada vez más tiendo a pensar que es tan solo una cuestión de hábitos, de malos hábitos, seguramente. A caso alguien nos ha recomendado fervientemente que teníamos que hacer de la información uno de los pilares de nuestras vidas (como mínimo de la vida profesional)? En la carrera se nos insinúa nuestro deber de conocer la actualidad pero supongo que si no se inculca concienzudamente desde un buen principio, el alumno pierde fuelle y se deja llevar por la vorágine informativa de la que somos víctimas en estos tiempos. Información a mansalva pero sin jerarquizar, sin analizar, sin digerir.

Esa es la constante en un día de mi vida, informativamente hablando. No soy capaz de digerir tanta información, al menos no como me gustaría hacerlo. Tengo la sensación que conozco la actualidad a medias, de una manera sesgada y solo del modo que los medios deciden, sin darme mucha opción a elegir. Es cierto que disponemos de incontables medios para informarnos, para contrastar, pero al fin y al cabo todos ofrecen discursos demasiado parecidos. Desde las noticias de buena mañana en la radio, hasta el informativo por la noche, pasando por los gratuitos que leo en el transporte o los portales de internet, todo parece bailar al mismo son, todos los tonos de la paleta se parecen irremediablemente. Tal vez por eso, no presto atención y me resigno a convertirme en un espectador/oyente/lector pasivo. La información debe proporcionarse de manera democrática pero, al fin y al acabo, uno mismo debe buscarla y adaptarla a sus inquietudes e intereses. 

Sin embargo los hábitos son tan malos que a menudo la tarea de buscar y seleccionar resulta ignominiosa, aunque se trate de algo que nos resulte interesante de verdad. Suelo hacerlo en revistas especializadas, o en blogs de internet (de nuevo tanta información sin jerarquizar se presenta como un obstáculo) pero siempre cosas breves y muy puntuales. Y sí, soy consciente que no soy conocedor de la actualidad más candente en muchos ámbitos pero tampoco quiero serlo por deber, ni por obligación. Como periodista debo informarme, pero no quiero hacerlo a todas horas y de manera indiscriminada. Por eso opto por una información a la carta (general o especializada) pero allí donde yo quiero encontrarla. No me interesan los diarios gratuitos “impuestos”en el metro a las 8 de la mañana, ni la radio del taxista que te acompaña en el trayecto, ni los boletines horarios, ni los avances informativos, ni la vorágine de internet, ni el volumen atroz de datos, comparaciones, estadísticas, monográficosm ruedas de prensa, comunicados…

La actualidad no se detiene nunca, de acuerdo. Pero por suerte el hombre aun tiene la capacidad de hacerlo, de pararse a pensar y digerir lo que le echan al plato.

Bendita primavera.
marzo 25, 2009

 

La semana pasada asistimos a otro conflicto mediatizado cuya cola se prevé larga y controvertida. Conflicto porqué hubo agresiones (injustificadas o no, he aquí el corazón del debate); mediatizado porqué una vez más allí estaban las cámaras para no dejar escapar ningún detalle y si se tercia, añadir más sustancia al asunto. 

A estas alturas todo el mundo sabe lo que ocurrió en la plaza universidad y en los aledaños de la plaza de Sant Jaume. Todos sabemos lo que ocurrió porqué lo hemos visto, lo hemos leído, algunos incluso lo habrán vivido, pero a todos nos invade la misma sensación contradictoria….creemos saber, pero nos invaden las dudas. Dudas ante lo que nos han mostrado pero que, muchas veces nos resistimos a creer, o dudas ante lo que no hemos visto aún pero sabemos que ocurrió.

Sea como fuere, la mediatización comporta estos riesgos. Al final uno no está seguro de cuales son los hechos informativos y cual es la verdad en todo el embrollo. Por la televisión vimos cargas brutales, aparentemente injustificadas, que se cobraron las frentes de reporteros gráficos y hasta la inocencia de un pobre niño que solo paseaba con su madre. Pocos días después aparece un video del desalojo del rectorado de la universidad donde observamos unos mossos pacíficos ante un grupo de alumnos que poco a poco van caldeando los ánimos. ¿Cargas injustificadas? seguramente, pero no en todos los casos. ¿Provocación de los manifestantes? puede, pero tampoco en todos los casos. Y es aquí cuando entra en juego el grave error de la generalización, que todo lo mide con el mismo rasero sin particularidades ni excepciones. Es la generalización la que nos arrastra a la equivocación, a la duda. Y la generalización es obra del cámara que graba, del técnico que edita, del locutor que comenta y del espectador que juzga. Todos formamos parte de una cadena que recoge unos hechos y los manipula hasta darles la forma deseada. Porque…¿qué es más fácil, culpar a las fuerzas del orden y a su disuasoria presencia o a unos pobres estudiantes desencantados con el sistema?

Supongo que muchos dirán que esto ha pasado siempre y rescataran recuerdos de dias oscuros corriendo delante de los grises. Pero ¿no es ese argumento tremendamente preocupante? ¿Volver de esta manera al pasado más rancio e intransigente, en pleno 2009, a punto de terminar la primera década de este siglo XXI?

Al final, ni yo mismo sé argumentar mis pensamientos. Y siento que esta entrada solo sea humo y preguntas lanzadas al aire. Pero es un claro reflejo de los sentimientos que me producen este tipo de acciones. Todo es humo, palabras vacías. Ceses de responsables, estudiantes que amenazan con algo más grande y mejor. Palabras y palabras que se las lleva el viento de esta primavera que acabamos de estrenar.

O tal vez sea tan solo eso…….esta  primavera que nos altera la sangre a todos.

Los payasos de la tele.
marzo 18, 2009

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Estos últimos tres días los medios de comunicación vuelven a hacer gala de lo sofocantes, insistentes y repetitivos que pudeen llegar a ser con temas tan morbosos como el proceso judicial de Josepf Fritzl, o como se le conoce mediáticamente “el mosntruo de Amstetten”. Del juicio se sabe más bien poco puesto que la información se filtra a cuenta gotas, y ante la falta de noticias los medios allí apostados (no van a hacer el viaje en valde) se han dedicado a jugar al gato y el ratón con el procesado intentando obtener una imágen de su cara al descubierto (recordemos que Fritzl ha aparecido en todo momento con el rostro tapado por un ya famoso archivador de color azul). Todo este “tinglado” me ha hecho reflexionar sobre la manera en que los medios de comunicacion (especialmente la televisión por meras razones de inmediatez) intentan llenar hojas y hojas (minutos, en este caso) con informaciones  a veces insubstanciales pero tremendamente morbosas. En este caso, por ejemplo, prima la imagen, la instantánea del momento, la cara del “monstruo” -que ya ha sido reproducida hasta la saciedad en el momento en que se destapó el caso- por encima de la historia, del proceso, de la resolución que no llega.

Ante este circo “plantado” en las puertas de los juzgados de la pacífica población austriaca de Sankt Pölten (recordemos también que su alcalde está aprovechado este revuelo para promocionar su localidad) mi interés  ha desaparecido, se ha evaporado.  No voy a negar que la historia y sus protagonistas me fascinan y horrorizan a partes iguales pero con dicho tratamiento obsesivo y falto de sustancia simplemente me limito a “consumir” las noticias que me llegan de ese pqueño rincón de centro-europa como espectador pasivo y completamente desencantado.

 Tan solo ayer todo este embrollo me hizo reflexionar minimamente cuando se difundió que la hija maltratada y sistemáticamente violada por Fritzl declaró durante 11 horas contando todo lo que vivió en su captiverio.  No pude evitar imaginarme a esa mujer ante tal sacrificio, el de narrar al detalle la tortura y la angustia que vivió durante más de 20 años. 24 años condensados en 11 horas. 11 horas de sentimientos encontrados, imágenes agolpadas, sensaciones revividas, angustias rescatadas….11 horas de horrorosa síntesi indeseable para cualquier ser humano. Ante esta muestra de entereza y esfuerzo -si bien no se conoce de que manera abordó Elizabeth Fritzl la historia de su desgraciada vida- no hay televisiones, periodistas, fotógrafos que valgan.

En ese momento se encontraron dos tipos de mensajes, dos tipos de historias: dentro, una mujer removiendo sus entrañas, fuera una marea de flashes en busca del mejor “higadillo”.

Relatos y retratos.
marzo 12, 2009

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Cuando digo que el tema escogido por Coca Cola no es nada nuevo (el planteamieto tampoco) solo hace falta fijarnos en los grandes nombres de la literatura (contemporánea o no) para darnos cuenta que la vejez y las consecuencias del paso del tiempo son sujetos muy recurrentes en todo tipo de relatos.

“El retrato de Dorian Grey” del escritor irlandés Oscar Wilde es, tal vez, el ejemplo más evidente. Una novela moralista, como tantos otros relatos del irreverente escritor, que sin embargo pretende mostrar la absurdidad de los convencionalismos de la sociedad victoriana. Los relatos de Wilde buscan precisamente eso, poner en evidencia las normas morales establecidas a través de paradójicas historias donde los personajes han interiorizado (para bien o para mal) la ética moral de una sociedad que a menudo les oprime y les conduce a la infelicidad. 

Dorian Gray, un personaje místico a la vez que atractivo, encarna la locura y la enajenación provocadas por un hedonismo excesivo y una búsqueda constante de la eterna juventud. A través de un retrato que embejece en lugar del personaje de carne y huesos, Wilde nos advierte de los peligros de una vida abocada a la corrupción del alma y de la decadencia de una sociedad que se muestra arrogante, perversa y retorcida. Además, el autor marca muy bien el punto de inflexión entre la vida perfecta donde la belleza y la juventud imperan sobre todas las cosas (cuando Dorian Grey es joven y su retrato refleja el resplandor de su belleza) y cuando Grey sucumbe a las tentaciones y al libertinaje inducido por esa obsesión por el mito de la eterna juventud (cuando el retrato empieza a distorsionarse y mostrar la cara oculta del protagonista).